Qué vemos y cómo vemos

 La visión no empieza y termina en el ojo. El cerebro está íntimamente implicado en la visión y es responsable de la misma. Eso lo saben muy bien las personas que no tienen ningún problema en el ojo y que, sin embargo, tienen una mala visión como consecuencia de alguna irregularidad cerebral. Porque la visión es producto global de un proceso que se inicia con la percepción sensible que se produce en el ojo, que es uno de los cinco sentidos. Pero esta percepción está ligada a una sucesión de fenómenos neurológicos que se inician en el ojo y que prosiguen hacia las neuronas visuales cerebrales, las cuales identifican la imagen en su base de datos y nos ofrecen la comprensión de lo que vemos. Por lo tanto, hemos de distinguir dos conceptos: la percepción y la visión.

Los mecanismos de la visión son complejos y no están desligados, por ejemplo, de los cambios circulatorios o vasculares, porque la retina es una estructura muy activa metabólicamente y, por ello, consume gran cantidad de oxígeno de la sangre que le llega. Por esta razón, no hay que olvidar que todos los cambios vasculares influyen definitivamente en la visión, de modo que los cambios de tensión o la cantidad de flujo sanguíneo que llega al ojo determinan una mejor o peor visión. 

Todas estas razones nos inducen a hablar de la fenomenología de la visión en su calidad de proceso dinámico de carácter sensitivo, el cual se precisa en las siguientes fases: 

  • la capacidad y ejercicio de la percepción 
  • un proceso neurológico o transporte de esta percepción 
  • y otro proceso cerebral como interpretación de la misma, en calidad de información que llega al cerebro y que ha de ser decodificada. 

Y todo ello está sujeto a los problemas del entorno fisiológico:

  • Normalidad o anormalidad refractiva que afectará a la percepción de las imágenes, circulación sanguínea, tensión arterial, calidad del transporte neuronal, capacidad de recepción cerebral, decodificación e identificación, interpretación y conciencia de esta interpretación.
  • La vista: fisiología y función
  • La vista es el sentido animal integrado por diversos órganos que cumplen la función de ver. Los órganos más externos implicados en la función visual son los ojos, no sólo capaces de captar la luz, su intensidad y las líneas y contornos de los objetos, sino también su volumen, su color y de reproducir la imagen de lo que ven y transportarla al cerebro que la interpreta. 

El ojo humano percibe imágenes en forma de haces luminosos que son captados por la retina, la cual los transforma en estímulos nerviosos que llegan a los centros decodificadores del cerebro. Allí son procesados y traducidos al lenguaje de las formas, los colores, el movimiento y los conceptos.

Esto nos permite recibir información visual y reaccionar ante ella.

Los mecanismos de la visión se basan en la capacidad de percepción de la luz de los fotorreceptores o células especializadas de las neuronas (células de tejido nervioso), las cuales son sensibles a la luz porque utilizan las ondas electromagnéticas de esta energía para producir una reacción química en la cual, a su vez, se desprende energía que se transforma en impulso eléctrico de mayor o menor intensidad en función de la cantidad de luz percibida y de la longitud de onda.

Este impulso eléctrico se transmite a determinados centros nerviosos en los que se produce la percepción visual.

Una neurona en la que se detallan sus células fotorreceptoras

 

La visión, como la audición, son percepciones a distancia y sus receptores son, en realidad, telerreceptores, ya que perciben la luz emitida o el sonido en función de su proximidad o distancia. En la visión, la luz reflejada por un objeto más o menos lejano determina sus formas, su color, su situación, su distancia, su relieve y su movimiento.

La visión del color es sólo una categoría de visión específica de los animales no nocturnos como los humanos y la mayoría de mamíferos. Tiene lugar gracias a unas células específicas denominadas conos que son las que perciben el color porque trabajan con alta intensidad de luz; mientras que las otras células de la visión, los bastones, sólo perciben el blanco, el negro y los grises y trabajan tanto en altas como en bajas intensidades. Los murciélagos, por ejemplo, sólo están preparados para ver de noche. Con lo que el color no forma parte de su visión ya que no cuenta con las células denominadas conos. Además, se orientan por el eco. 

El ojo

El globo ocular tiene forma esférica y está constituido básicamente por una lente de enfoque (el cristalino), una membrana transparente (la córnea) y por medios acuosos dióptricos y protectores. La esclerótica es la base o blanco del ojo que, en su parte anterior, es transparente y constituye la córnea. A través de ella penetran las imágenes en la retina, y en su parte central se sitúa el iris con la pupila como núcleo.

Esquema del ojo

La esclerótica es la parte fibrosa más externa que está recubierta interiormente por una capa muy vascularizada. Es la coroides, formada por tejido conjuntivo con numerosas células pigmentarias. Interviene en la nutrición del ojo y en la formación de sus humores. Y, en su parte anterior, es donde está ubicado el iris, que funciona como un diafragma de una cámara fotográfica abriéndose o cerrándose en función del haz luminoso o impulso que recibe. El centro del iris es la pupila, el orificio redondeado que es el que se abre o cierra (contrae o dilata) en función de la luz o de la distancia de los objetos enfocados.

A menudo, comparamos el ojo con una cámara fotográfica, porque este símil nos acerca a la comprensión de su funcionamiento. Entonces, la película fotográfica sería como la retina que es lo que queda impresionado en función de la apertura del diafragma o pupila. 

Detrás del iris está el cristalino que es la lente ocular transparente biconvexa del ojo, destinada a hacer converger los rayos de luz que le llegan para formar las imágenes en la retina. Está suspendido en la parte anterior del ojo entre las cámaras acuosas y el cuerpo vítreo que tiene la función de enfocar los rayos de manera que formen una imagen perfecta sobre la retina. 

Precisamente, las modificaciones de la curvatura del cristalino, mediante láser, están permitiendo la acomodación del ojo rectificando su capacidad visual. La opacidad del cristalino constituye la catarata. Y la falta de drenaje de los contenidos acuosos constituye el glaucoma, aunque ya veremos que la falta 
de drenaje puede estar originada por causas diversas siempre relacionadas con la circulación sanguínea ocular. 

El iris y el cristalino dividen la esfera ocular en dos cavidades: la anterior o córnea, y la posterior ocupada por el líquido o humor acuoso. 

La retina, como hemos apuntado, está constituida por dos tipos de células: los conos y  los bastones, las primeras sensibles a la intensidad de la luz y las segundas, aptas para la visión con poca luz. El cuerpo ciliar, situado asimismo en la retina, está formado por un músculo que hace variar la curvatura del cristalino según la distancia del objeto y que actúa en concordancia con el iris que se ha dilatado o contraído y su pupila se ha abierto o cerrado.

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Funcionamiento del ojo

La visión no sucede exclusivamente en el ojo. Hay una zona del cerebro encargada de la misma. Cada ojo envía sus imágenes a esta zona y éstas han de converger para no ver doble. La retina, igual que una cámara fotográfica, imprime las imágenes al revés y el cerebro se encarga de decodificarlas en su realidad. Así que el funcionamiento del órgano de la visión es un binomio: ojo-cerebro. 

Ver un objeto es tenerlo en el campo visual que es algo que se mide y que constituye una valoración muy importante como prueba diagnóstica.

Cuando nos fijamos en el objeto, nos anclamos visualmente en él, lo enfocamos. Ésta es una forma de percepción distinta de la que nos proporciona, por ejemplo, un barrido por todo el campo visual; ya que se trata, entonces, de una mirada en movimiento.

Y una tercera opción es la visión de un fondo situado detrás de un objeto concreto en el que nos hemos fijado. Se tratará, entonces de una visión complementaria, posiblemente desenfocada porque no será objetivo principal de nuestra mirada anclada o fijación. Estos mecanismos de enfoque son asimismo parecidos a los de una cámara fotográfica. 

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Funcionamiento del cerebro

El funcionamiento del cerebro está muy relacionado con la funcionalidad de la visión. La corteza visual es la zona cerebral decodificadora de la percepción y que convierte ésta en visión. Hay muchos elementos implicados en esta decodificación. Por ejemplo, hasta hace poco se desconocía que la visión estaba implicada en el fenómeno de la dislexia que sufren muchos niños. En la actualidad, en algunos casos, esta dificultad de lectura puede solucionarse a través de tratamiento oftalmológico o con unas simples gafas con filtro de color. 

John J. Ratey, en “El cerebro: manual de instrucciones”  (Ed. Mondadori / Arena Abierta), explica el caso de Rolf, un psicoterapeuta disléxico que llevaba gafas amarillas para todo. Él se encontraba cómodo con ellas y utilizaba estos filtros para todo. Luego supo que hay ciertos disléxicos que no leen bien porque las letras se les mueven y no consiguen fijar la mirada y anclarla en la línea donde leen. Con las gafas Irlen de distintos colores consiguen esta fijación. Rolf  lo conseguía con el color amarillo. 

En el apartado sobre “Problemas oculares en la infancia” aparecen todos estos nuevos hallazgos sobre la dislexia que tanto influyen en el aprendizaje del niño. 

Los recientes descubrimientos fisiológicos han dado a conocer casi toda la fase de procesamiento de las imágenes captadas por la retina que siguen caminos distintos hacia el cerebro. 

Un sistema procesa la información sobre la forma. Otro procesa el color, otro, el movimiento y un cuarto y un quinto decodifican la organización espacial (localización / distancia / organización espacial). Hay ciegos que no pueden ver los colores pero sí los movimientos, y hay personas que tienen problemas para procesar el movimiento, porque no poseen una rapidez de percepción. 

Se han encontrado pruebas de que las zonas cerebrales dedicadas a un órgano de los sentidos pueden adaptarse para otros en caso de un fallo en el mismo.

Estos estudios realizados con resonancia magnética con positrones que permiten ver las áreas cerebrales que están en funcionamiento, han revelado, por ejemplo, que cuando los ciegos leen los puntos en el sistema Braille, no sólo se encienden las áreas cerebrales que usualmente se encargan del 
tacto, sino también una extensa zona de la parte cerebral vinculada con la vista. Y se ha comprobado asimismo que la corteza visual, en los ciegos, potencia su sentido del tacto.

Es interesante observar asimismo todo el complejo procesamiento de la visión ligado al de las referencias de la memoria, tanto conceptuales como vivenciales. Porque la memoria constituye la base de datos identificativa de las imágenes y condiciona la reacción inmediata. 

Ratey especifica muy bien, en su libro, el proceso visual: “la visión se inicia cuando los rayos de luz inciden en el ojo. Esa señal que les entra se transforma en ellos en energía electromecánica, que se envía al cerebro por el nervio óptico. La primera parada se produce en el cuerpo geniculado lateral del tálamo, con un pequeño segmento que va al folículo superior y sirve para ajustar la cabeza y los ojos de manera que se maximice la entrada de información.

Desde el geniculado lateral, la información se manda a la corteza occipital o visual y luego se dispersa a regiones cercanas para procesarla. La información va principalmente a lo largo de dos rutas separadas: la ruta CÓMO del lóbulo parietal y la ruta QUÉ del temporal. La visión, como la mayoría de las funciones cerebrales, está repartida -es decir, para procesarla se la envía a varias regiones cerebrales- esa información fragmentada se agrupa de nuevo de alguna forma y VEMOS”.

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