Defectos de visión

Corte esquemático del ojo en el que se aprecia la incidencia de la luz sobre la retina en un foco normal.

Para conseguir una visión nítida, los rayos de luz atraviesan las estructuras del ojo hasta focalizarse de forma puntual sobre la retina, porción que delimita la pared posterior de nuestro ojo. La córnea es la ventana transparente del ojo. Junto con el cristalino, que es la lente que se encuentra en el interior del ojo, son los responsables de desviar o “refractar” los rayos de luz que les llegan para conseguir un adecuado enfoque. 

La retina recibe los rayos de luz, los trasforma en un impulso eléctrico y lo envía  al cerebro a través del nervio óptico, para que sea elaborado este impulso y se constituya la imagen visual. 

Corte esquemático del ojo en el que se aprecian sus estructuras y la incidencia de la luz sobre la retina.

Cuando la luz no llega de forma puntual a la retina, la imagen que se genera es borrosa. Si los rayos de luz convergen delante de la retina se produce la miopía, si la convergencia se produce detrás, se da la hipermetropía y cuando no es un punto convergente sino que coexisten dos focos, se produce el astigmatismo. 

La miopía, la hipermetropía y el astigmatismo constituyen lo que se conoce como trastornos de la refracción o ametropías

Las ametropías o incorrecciones refractivas

La Miopía (mala visión de lejos), la Hipermetropía (mala visión de cerca), y el Astigmatismo (visión distorsionada), se deben a diferencias en la longitud o en la forma del ojo. La Presbicia (vista cansada) sucede cuando la lente localizada en el interior del ojo, el cristalino, pierde la capacidad para enfocar los objetos cercanos.

Cuando las ametropías no son exclusivamente un desequilibrio óptico, sino que se asocian otros problemas, se consideran una auténtica enfermedad y las denominamos, miopía o hipermetropía magna. En estos casos, la graduación suele ser elevada, superior a 8 dioptrías, y es frecuente que la visión no alcance la unidad incluso con la corrección adecuada.

Los síntomas más comunes de los errores de refracción (excluyendo las formas magnas), son la visión borrosa y la incomodidad o fatiga visual. Todos ellos son totalmente corregibles con unas gafas o lentes de contacto adecuadas o, actualmente, mediante cirugía.

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¿Qué es la miopía? (mala visión de lejos)

ojo miope. Los rayos de luz convergen delante de la retina y llegan desenfocados.

Miopía es el término utilizado para aquella situación visual en la cual se pueden ver nítidamente objetos cercanos, pero no se pueden identificar con nitidez los objetos lejanos. La palabra “miopía” proviene de un término griego que significa “ojos cerrados” porque las personas que la padecen, a menudo, cierran ligeramente los ojos o contraen los músculos oculares para mejorar la visión de lejos (efecto estenopeico) forzando un mejor enfoque.

Habitualmente, la miopía tiene un factor hereditario, lo que explica la mayor incidencia familiar. Excepto en las formas magnas, suele hacerse evidente en los niños alrededor de los ocho a diez años de edad. El curso de la miopía es hacia el incremento de sus valores, es decir, pérdida de visión progresiva durante la adolescencia.

Normalmente, suele aumentar de forma paralela al crecimiento del cuerpo durante este período de adolescencia y tiende a estabilizarse en la edad adulta, a partir de los 20-21 años. La herencia o los antecedentes familiares son los factores de mayor influencia en la miopía. Existen otros factores que podrían influir en su desarrollo, la lectura o tareas de visión próxima, especialmente en condiciones de baja iluminación. Las deficiencias en la nutrición pueden influir en su evolución, aunque no existen estudios plenamente concluyentes sobre este punto. 

La miopía suele estar producida por una mayor longitud del globo ocular. El ojo crece en exceso y adquiere una forma ovalada. Debido a este incremento de la longitud axial, resulta imposible para el sistema óptico del ojo enfoque nítidamente sobre la retina los objetos lejanos. Con menor frecuencia, la miopía puede ser causada por un cambio en la curvatura de la córnea o un cambio en la forma del cristalino.

Tratamiento 

La opción más utilizada para el tratamiento de la miopía son las gafas o las lentes de contacto. En ambos casos, no se producirá la curación de la enfermedad, pero sí se podrá restablecer el enfoque correcto de la luz sobre la retina. No existe una evidencia científica que nos indique que las lentes de contacto o los ejercicios visuales pueden parar fa progresión de la miopía. En los últimos años, han aparecido diversos métodos para tratar la miopía de forma definitiva. Algunos de ellos como la ortoqueratología, el Biofeedback, etc., son métodos que no han sido contrastados científicamente y que se han revelado ineficaces cuando han sido estudiados en mayor profundidad porque se ha observado que la mejoraojo emétrope normal. Los rayos de luz convergen en la retina. inicial se pierde al cesar la terapia. Además, consideramos que no son recomendables por los efectos secundarios que pueden ocasionar y la falta de transparencia en los resultados obtenidos.

La ortoqueratología es una técnica que se utiliza para corregir las ametropías: miopía, hipermetropía y astigmatismo. Consiste en colocar una lentilla que moldea la córnea. Las lentillas para este fin tienen unos parámetros que dan forma a la córnea, modifican su curvatura y con ello consiguen algo similar a lo que hacemos con el láser. El problema es que es necesario ponerlas todas las noches, ya que si no se hace, la córnea recupera la forma inicial, debido a que es un tejido elástico. El otro problema radica en que obligamos a la córnea a una deformación, a un estrés, que no siempre es bueno y pueden quedar como factor negativo residual problemas de tolerancia a las lentes de contacto o a los materiales que las constituyen. Esta práctica tuvo cierto auge entre los ópticos, pero está casi en desuso y los oftalmólogos nunca la recomendamos por su escasa eficacia en relación con los problemas que ocasionan. 

El Biofeedback lo practican sólo los ópticos y consiste en ejercicios para mejorar la visión, especialmente para corregir sin cirugía las ametropías, básicamente la miopía. Se fuerza la acomodación para conseguir, con ello, que la luz del exterior se focalice en la retina, igual que cuando nos ponemos unas gafas, lentillas o tras la cirugía. El problema es que este tipo de ejercicios pueden ocasionar trastornos corno un incremento tensionad y fatiga visual. Por otra parte, e1 resultado es muy discutible y se pierde al dejar os ejercicios. Por lo que no le recomendamos como fórmula práctica habitual. 

El tratamiento médico de la miopía mediante el uso de fármacos ha sido durante mucho tiempo objetivo de investigación, pero la realidad muestra que no existe nada plenamente efectivo en este campo. A pesar de ello, sabemos que una dieta equilibrada y rica en vitaminas, especialmente A y E, son fundamentales para que no se produzca una progresión mayor a la que se viene condicionado genéticamente.

El tratamiento quirúrgico de la miopía va adquiriendo mayor importancia y su estudio e investigación siguen avanzando. Existen diversas alternativas quirúrgicas para corregir la miopía.

Actualmente la técnica más conocida es la denominada LASIK, en la que mediante un láser de Excímmer se moldea y corrige la curvatura corneal, modificando el poder refractivo del ojo y, con ello, se consigue que la luz enfoque nuevamente sobre la retina de forma puntual. Esta técnica ha evidenciado buenos resultados, con una gran efectividad, aunque tampoco está exenta de riesgos, especialmente los que se relacionan con la maniobra del tallado corneal con el microqueratomo.

Los detalles sobre esta técnica así como sus indicaciones y riesgos son abordados en el apartado sobre “Cirugía Refractiva”.

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Miopía patológica 

Aparato de láser excímero utilizado en cirugía refractiva envejecimiento precoz en el que la retina es la

La miopía patológica es una forma menos frecuente de miopía. Generalmente, se denominan así aquellas miopías superiores a 8 o 10 dioptrías, en las que ya no se trata de un simple trastorno o desequilibrio en los medios ópticos del ojo que pueden ser corregidos a través de gafas o lentillas, sino que estamos frente a una serie de alteraciones en los tejidos del ojo, básicamente un estructura más perjudicada. Tiene un carácter hereditario y su incidencia suele ser familiar. Su progresión es rápida, pudiendo asociarse a hemorragias maculares o desprendimiento de retina. Debido a estas circunstancias, es especialmente necesario que las personas que la sufren realicen revisiones frecuentes para prevenir el proceso degenerativo y los problemas que suelen acompañar al déficit óptico.

Cuando se detecta una alteración retiniana, como agujeros periféricos, se podrá aplicar láser para sellarlos y evitar así el desprendimiento de la retina. En los casos de maculopatía secundaria, cuando aparecen membranas exudativas, se pueden aplicar los nuevos tratamientos fotodinámicos.

En este tipo de miopía, también se discuten los beneficios de la dieta y, aunque no existen estudios concluyentes, parece que la aportación de vitaminas y otros tipos de antioxidantes, antocianósidos y extractos de gincobiloba, podrían tener un papel significativo en la prevención de complicaciones, así como una mejora en la calidad visual.

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Hipermetropía (mala visión de cerca)

Hipermetropía es el término utilizado pan definir un proceso con una visión de lejos que puede ser relativamente buena, pero con una visión próxima deficitaria. La causa de este desequilibrio suele ser un ojo de tamaño inferior al normal, un ojo corto, al contrario que sucede en la miopía, en la que el ojo es, a menudo, mas largo. Esta disminución de la longitud del ojo determina que el sistema óptico del ojo hipermétrope no enfoque en la retina con nitidez los objetos cercanos. En menor medida, un aplanamiento o un adelgazamiento de la córnea, pueden ser también causas de hipermetropía.

Normalmente, todos los niños en edad infantil son hipermétropes en grado moderado, y esta hipermetropía disminuye su valor durante la adolescencia, coincidiendo con el desarrollo del resto de las estructuras del organismo.

Las personas jóvenes afectadas por esta condición, habitualmente, pueden ver correctamente tanto en la distancia de lejos como en la de cerca, puesto que el poder de enfoque del cristalino a estas edades es lo suficientemente potente como para compensar el desequilibrio óptico.

Algunas hipermetropías en niños pueden estar asociadas con un estrabismo convergente (desviación hacia dentro de los ojos), debido a que los músculos oculares se contraen fuertemente, tirando hacia dentro, al realizar el sobre-esfuerzo que supone el enfoque correcto. Los niños no suelen presentar síntomas visuales como dolor de cabeza u otro tipo de fatiga visual; sin embargo, ante la pérdida del interés en la lectura o un retraso en el rendimiento escolar, hay que pensar en la posibilidad de una mala visión que provoca fatiga o desgana y éste puede ser un primer aviso de la existencia de un cierto grado de hipermetropía que requiera la visita del oftalmólogo y la prescripción de gafas para su corrección. Hay que recordar que esta afección, igual que la miopía, también tiene una base hereditaria con mayor incidencia familiar; por lo que, cuando los pudres padezcan hipermetropía, es necesario que los hijos, a partir de los 3 años, acudan al oftalmólogo para que les realice exploraciones rutinarias anuales para descartar su presencia o tratarla en caso de que sea necesario, con el fin de prevenir la ambliopía (ojo vago) o el estrabismo convergente que pueden ser una6nsecuencia de la hipermetropía.

Tratamiento 

La hipermetropía suele corregirse mediante gafas o lentes de contacto y, modernamente mediante cirugía láser. La corrección de pequeñas hipermetropías en niños no suele ser necesario, especialmente, cuando no presentan otros síntomas visuales. En estos casos, se recomienda realizar un control periódico de revisiones con el oftalmólogo. Sólo en aquellos casos de hipermetropía elevada o asociados a otra sintomatología o con desviación ocular, necesitarán ser tratados con gafas, lentes de contacto o cirugía.

También en la hipermetropía se discute el papel de los fármacos y la dieta. No existen evidencias sobre su beneficio, pero los estudios realizados parecen indicar que una dieta equilibrada y un aporte importante de vitaminas y otros antioxidantes pueden ayudar en la evolución de la misma.

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Astigmatismo

El astigmatismo suele ser consecuencia de una distorsión o irregularidad de la córnea, superficie anterior del ojo. Cuando la visión es normal, la córnea suele ser regular con una curvatura similar en todos sus ejes. Se trata, entonces, de una superficie casi esférica. 

Cuando un individuo padece astigmatismo, la córnea está deformada y es más curvada en uno de sus ejes: sucede lo mismo, por ejemplo, que cuando cogemos una pelota redonda y la comprimimos, que vemos que se transforma en ovalada y se parece más a un balón de rugby o a un melón. El efecto del astigmatismo en la percepción de las figuras es similar al que observamos cuando miramos un espejo con una superficie ondulada como los que encontramos en parques de atracciones que hacen que nos veamos mucho más altos o más anchos o demasiado delgados.

El astigmatismo también tiene carácter hereditario. Suele aparecer en el nacimiento y frecuentemente no sufre grandes variaciones a lo largo de la vida. La mayoría de la población tiene un cierto grado de astigmatismo y, a menudo, no requiere corrección con gafas o lentes de contacto. Es lo que denominamos astigmatismo fisiológico.

Tratamiento

La corrección del astigmatismo no es difícil si la distorsión procede de una deformación regular y definida en la córnea. En estos casos, mediante una deformación compensatoria en las lentes correctoras de las gafas, se puede neutralizar la distorsión de la córnea, de la misma forma en que esto es posible hacerlo con lentillas o con cirugía. En este caso, mediante láser, se moldea la córnea hasta regularizar la superficie transformándola nuevamente en esférica.

En otras situaciones, como una cicatriz fruto de un traumatismo, una infección o una intervención quirúrgica, pueden aparecer irregularidades en la superficie de la córnea que pueden causar un astigmatismo irregular. Los astigmatismos irregulares son más difíciles de corregir ya que no es posible realizar un cristal o lentilla que compense esta deformación. Si la lesión es muy severa, únicamente se podrá mejorar recomponiendo la córnea mediante cirugía con láser, si la lesión se localiza en las capas anteriores de la córnea, o con un transplante de córnea si la lesión ocupa los planos profundos. En la actualidad, disponemos de sistemas láser con programas muy sofisticados que permiten remodelar cierto grado de irregularidades y, aunque no se resuelvan todos los casos, muchos de ellos pueden solucionarse sin necesidad de recurrir a un transplante de córnea, por los inconvenientes que esta cirugía supone.

Normalmente, la borrosidad producida por el astigmatismo se corrige mediante gafas o lentes de contacto. Las lentes de contacto rígidas o gas permeables, corrigen mejor el astigmatismo que las lentes de contacto blandas, aunque éstas han experimentado un avance muy importante en los últimos años con la aparición de las lentes tóricas. Se trata de un tipo de lentes intraoculares que se utilizan para corregir el astigmatismo. Todavía no están muy difundidas pero son muy prometedoras ya que ofrecen una muy buena calidad visual. Hasta ahora las lentes intraoculares sólo estaban graduadas para miopía o hipermetropía, y si había un astigmatismo se debía corregir después con una cirugía de láser y los resultados no eran siempre muy buenos. Con estas lentes se puede incorporar la graduación de miopía o hipermetropía y el astigmatismo, si existe.

La cirugía del astigmatismo se ha incorporado recientemente al arsenal terapéutico del astigmatismo. Mediante el láser Excímmer, podemos tratar astigmatismos hasta de 5 o 6 dioptrías, y cuando los valores son mayores, podemos recurrir a las lentes picas tóricas. Como en las otras ametropías, hay que recordar que aunque estos métodos quirúrgicos ofrecen resultados muy buenos, no están exentos de complicaciones. Por lo que será necesario un estudio previo para valorar las posibilidades de éxito y riesgos en cada caso. 

Quizás lo más actual en este tipo de cirugía sea lo que se están denominando tratamientos personalizados con aberrometría para conseguir la “súper visión”, término más publicitario que real, basado en la tecnología aplicada a sistemas ópticos como los telescopios. Hoy en día, los aberrómetros se han incorporado a la práctica oftalmológica.

En un principio, se pensó que, de la misma forma que se podía mejorar la calidad de las imágenes que aportan los telescopios, se podría mejorar la estructura óptica del ojo. Se trataba de analizar las pequeñas imperfecciones de los medios ópticos del ojo y suprimirlas. Así, por ejemplo, cuando se trata a un paciente afecto de miopía, además de eliminarle la miopía, también se le podrían corregir estas pequeñas imperfecciones conocidas como aberraciones de alto orden, hasta el punto de conseguir que el ojo tuviera una calidad, en la formación de imágenes, superior a lo que actualmente consideramos el 100% de visión; es decir: poder leer las letras más pequeñas que encontramos en las cartas de agudeza visual (optotipos).

Esto es cierto en algunos casos, y se pueden llegar a detectar estas aberraciones e intentar corregirlas. El problema surge porque los métodos diagnósticos actuales no son plenamente satisfactorios y lo más grave es que los sistemas actuales de láser no tienen el grado de resolución necesario para poder tratar los patrones generados por el aberrómetro. Por lo que será necesario seguir avanzando en la mejora tecnológica que permita aplicar esta nueva hipótesis de tratamiento que es ideal sólo en la teoría.

Y, al entrar en este apartado de los tratamientos que pretenden alcanzar la “súper visión”, hay que pensar que la visión no se fundamenta exclusivamente en la óptica del ojo y hay que pararse a analizar lo que ya hemos comentado en el primer capítulo y que es un factor fundamental: que la visión es un fenómeno en proceso y que tenemos un cierto desconocimiento de múltiples aspectos de la “percepción visual”.

Sabemos que el sistema visual humano utiliza un cierto grado de aberraciones para constituir lo que se conoce como “primer esbozo visual”. Esto es fundamental para la visión de una escena con movimiento, El análisis de este proceso nos aboca a concluir que, antes de intentar eliminar las aberraciones, debemos conocer mejor cuáles son necesarias para una correcta visión y cuáles son negativas o superfluas y estar seguros de que es preferible eliminarlas. Hasta que nuestro grado de conocimiento no alcance un mínimo suficiente y los medios tecnológicos nos permitan realizar este tipo de correcciones, la aberrometría se nos antoja como una quimera y el concepto de súper-visión que tanto se baraja en medios publicitarios es una mera entelequia.

Por las razones enumeradas, recomendamos rechazar este tipo de prácticas que, como hemos dicho, obedecen más a fines propagandísticos que a una actividad médica basada en la ciencia y en la ética.

Junto a los tratamientos con láser, existen otras alternativas quirúrgicas, nacidas porque este tipo de tratamientos tienen unos límites, básicamente los que impone la anatomía del ojo. 

El láser esculpe la superficie de la córnea mediante la eliminación (ablación) de tejido modificando la estructura corneal. En esta operación, es fundamental que el tejido residual, el lecho de córnea que conservamos, tenga unas características, básicamente un grosor mínimo, que garantice su normal funcionamiento a lo largo de la vida. Esta limitación anatómica obliga a que el número de dioptrías que podemos eliminar sea inferior a 10 en las miopías, 5 o 6 en las hipermetropías y sólo 5 en los astigmatismos. En los casos en que el número de dioptrías es superior, es aconsejable recurrir ir a otras técnicas o a la combinación de varias.

En el momento actual, disponemos de lentes intraoculares, que se implantan en el interior del ojo, lentes fáquicas, que pueden ser muy efectivas y seguras. En casos con miopías elevadas y astigmatismo, se suele combinar la implantación de una lente intraocular para corregir el defecto esférico (miopía o hipermetropía) y el láser para corregir el astigmatismo.

Las lentes intraoculares tienen el inconveniente de que es necesario abrir el ojo para su implantación y, aunque la incisión es muy pequeña, entre 2,5 a 3,5 mm, y esta incisión no requiere sutura, esto supone siempre una descompensación de la fisiología ocular, además de una puerta de entrada que puede facilitar un proceso infeccioso. Estos inconvenientes se pueden minimizar y controlar si se realiza una cirugía en condiciones óptimas, tanto en un quirófano perfectamente acondicionado, como que ésta sea realizada por un cirujano experto en este tipo de cirugía.

La principal ventaja que ofrece el implante de lentes intraoculares es que, con esta intervención, no se modifican los tejidos, no se “debilita” el ojo, y, además esto permite corregir graduaciones altas obteniendo una calidad visual superior; porque la geometría de estas lentes y la posición que ocupan en el sistema óptico del ojo permite mejorar la visión. Por ello, es frecuente encontrar pacientes en los que su visión, tras el implante de estas lentes, es superior a la mejor visión que tenía ese paciente antes de intervenirse.

La familila de lentes fáquicas se dividen en: lentes de cámara posterior y lentes de cámara anterior, según la zona anatómica donde se coloquen. Las de cámara anterior fueron las primeras en aparecer y, pese a que la experiencia inicial no fue todo lo buena que cabía esperar, se han ido perfeccionando hasta alcanzar un grado de fiabilidad muy elevado, siempre que se respeten los criterios de inclusión-exclusión y la cirugía se realice de forma correcta. La lente más utilizada en este grupo es la GBR, propuesta por Georges Baikoff. Respecto a las lentes de cámara posterior sucede algo similar a las anteriores. Las primeras experiencias no fueron muy buenas, porque, al situarse próximas al cristalino, inducían a su opacificación. Los primeros diseños se sustituyeron por los actuales que han mejorado los materiales y la técnica de implantación, lo cual ha posibilitado que los resultados obtenidos sean muy buenos, tanto en eficacia como en seguridad. Las lentes más utilizadas en este grupo son las ICL y las PRL.

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Cirugía Refractiva

La cirugía refractiva ha mostrado una evolución muy importante en los últimos años. La posibilidad de eliminar la necesidad de utilizar gafas o lentillas es la causa fundamental y, si bien su grado de eficacia es muy elevado, no está exenta de efectos secundarios, escasos, pero graves cuando se presentan. Por ello, es necesario asegurarse de elegir e] centro y el especialista adecuado que nos aconseje lo más conveniente para nuestro caso y la técnica más idónea para nuestro problema, que nos informe de las ventajas y riesgos que asumimos y que nos garantice un correcto seguimiento postoperatorio, tanto en caso de éxito como en el caso de que aparezcan complicaciones. 

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Presbicia

A medida que transcurren ¡os años, pasados los 40 45 años, se experimenta una mayor dificultad para enfocar los objetos cercanos, haciéndose necesario usar las gafas para la lectura o para tareas que precisen de una visión próxima. Esta situación visual constituye la denominada presbicia o vista cansada.

La presbicia aparece cuando el cristalino pierde parte de su flexibilidad y no puede focalizar claramente los objetos cercanos. En condiciones normales, el cristalino, la lente natural del ojo, puede modificar su forma variando la potencia dióptrica. Esto permite enfocar objetos lejanos y cercanos o seguir un objeto que desde la lejanía se acerca progresivamente, sin sufrir saltos de visión. Es lo que conocemos como acomodación. La presbicia es el fallo en la acomodación y es una alteración fisiológica inevitable, que aparece en todas las personas en un momento determinado de la vida, fruto del envejecimiento del ojo. Normalmente, se corrige con gafas o lentillas. La dieta o el ejercicio son tratamientos que no van a influir en su aparición ni en el incremento o disminución de su evolución. Una vez que se inicia, se irá incrementando progresivamente hasta los 60 o 70 años. Generalmente, hay que ajustar la graduación cada 3 o 4 años hasta que se estabiliza. Las gafas bifocales, trifocales o los tipos progresivos pueden ser la solución para présbitas que padezcan otro error refractivo como la miopía, hipermetropía o astigmatismo.

Actualmente también se dispone de algunas opciones con lentes de contacto e incluso mediante cirugía, implantando lentes multifocales o acomodativas o practicando incisiones en la esclerótica con un láser específico para este fin (ver apartado de “Cirugía Refractiva”).

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¿Cómo podemos corregir los errores de refracción?

1.- Corrección con gafas.

En la sociedad occidental, se calcula que 6 de cada 10 personas utilizan algún tipo de corrección óptica, siendo las gafas el sistema más elegido. Su principal ventaja es que no están en contacto directo con los ojos, por lo que no inducen cambios en la estructura ocular como se produce con las lentillas o, en mayor grado, con la cirugía refractiva. 

Es evidente que, en la elección de las gafas, entran factores que competen al oftalmólogo y al óptico; sin embargo, es importante conocer algunos aspectos que nos ayudarán a realizar una mejor elección.

Materiales: 

- Cristal. Es el material más utilizado hasta el momento; aunque la tendencia es que sea sustituido en un futuro próximo porque es el que resulta más caro, más pesado y se deteriora con facilidad. Sin embargo, las gafas con mayor calidad óptica están realizadas en este material. 

- Resinas plásticas. Aunque suelen tener el mismo precio que los cristales, su principal ventaja es su poco peso, incluso aunque sean algo más gruesas las lentes que las de cristal. 

- Plásticos con alto índice de refracción. Constituyen una nueva generación de lentes, más finas y menos pesadas; por lo que son ideales para graduaciones altas y medias. Permiten que se les incorporen filtros de protección de los rayos ultravioleta y para incrementar su resistencia a rascadas o roturas. El principal inconveniente de este material es su precio porque suele ser más caro.

- Plásticos de policarbonato. Son los más resistentes y los más ligeros; por ello, son los indicados para niños y deportistas. También admiten que se les incorporen filtros ultravioleta, antirreflejos y sistemas que permiten mejorar su resistencia a la rotura.

Cómo leer la prescripción de sus gafas.

Cuando el óptico o el oftalmólogo le prescriben una corrección para sus gafas, la receta consta de una serie de números y abreviaturas que se interpretan de la siguiente forma: 

OD: identifica el ojo derecho 

OI identifica el ojo izquierdo 

Esfera: significa la graduación que requiere para corregir su miopía (al número que marcan las dioptrías que Ud. necesita, le precede un signo negativo), o para corregir su hipermetropía (el número identifica las dioptrías y el signo es positivo). 

Cilindro: corresponde al astigmatismo que puede acompañar a la graduación esférica, si el número que lo cuantifica tiene un signo negativo, será un astigmatismo miópico, y, si se acompaña de un signo positivo, será un astigmatismo hipermetrópico.

En ocasiones, el astigmatismo puede no presentarse. Entonces, se trata de pacientes con miopías o hipermetropías puras y, en otros casos, puede que aparezca la graduación sólo en la casilla del cilindro. Entonces, estamos ante astigmatismos puros.

Siempre que aparece un cilindro, encontraremos un eje que lo identifica con un número que expresa los grados y que se sitúa entre0 y 180.

Receta

Adición. Este dato representa la variación del valor de las dioptrías que necesitamos en la visión de lejos para adaptarlo a la corrección de cerca. Es lo que corresponde a la graduación de la visión próxima para corregir la vista cansada o presbicia.

Filtros: 

Filtros para proteger contra las abrasiones.

 Uno de los problemas principales de los portadores de gafas es la abrasión de las lentes. Al dejarlas sobre una mesa, limpiarlas con materiales no apropiados, etc., se produce un deterioro acelerado de las lentes; esto provoca problemas de visión y supone la necesidad de cambiar las lentes con el coste económico que esta adquisición supone. En la actualidad, existen filtros muy efectivos que evitan que las gafas se rayen o deterioren. Sin embargo, es necesario que los portadores de gafas sean conscientes de los cuidados que requiere el tipo de lente que utilizan, información que puede ser solicitada a su óptico de confianza.

Filtros ultravioleta.

Las radiaciones ultravioleta tienen componentes que son nocivos para la salud ocular. Por esta razón, es necesario utilizar filtros de protección, especialmente en los individuos que padecen alteraciones degenerativas maculares. Actualmente, las lentes que más se utilizan son policarbonatos y plásticos de alto índice de refracción, que ya incorporan estos filtros. Por lo que se recomienda vigilar que no haya, en el precio de las lentes, un recargo añadido por estos filtros.

Filtros antirreflejo.

Existen múltiples situaciones que pueden ocasionar reflejos en las lentes: ciertos pavimentos, agua, nieve, cristal, etc. Esta situación puede ocasionar problemas de distinta índole, con deterioro de la calidad visual, situación especialmente importante cuando conducimos y más aún si es de noche.

Para evitar este desagradable efecto negativo, existen filtros que cubren las lentes reduciendo estos reflejos. Hay que advertir a los usuarios de filtros que la limpieza de las lentes con materiales abrasivos deteriora el filtro; por ello, es necesario utilizar paños mojados o simplemente colocar las gafas debajo del grifo del agua y aplicarles algo de jabón y dejarlas secar sin tocar las lentes.

Filtros especiales.

Recientemente, han aparecido filtros para mejorar situaciones especiales, básicamente para incrementar el contraste en pacientes que sufren alteraciones maculares, una proceso cada vez más frecuente porque se relaciona con la edad.

La mayor expectativa de vida comporta que la incidencia de estas enfermedades oculares se haya incrementado de forma muy importante. En estos casos, se pueden utilizar filtros que sólo dejan pasar una parte del espectro de la luz. Generalmente, son de color amarillo y lo que consiguen es frenar el paso de la luz azul que es la que puede ocasionar un deterioro de la calidad visual.

Es frecuente ver individuos que utilizan gafas con cristales amarillos para mejorar el contraste y la calidad visual y, si bien hemos dicho que están indicadas para aquéllos que padecen degeneraciones maculares, también pueden ser muy útiles para los que padecen cualquier tipo de proceso retiniano que suponga una pérdida progresiva del funcionalismo visual. También utilizan estos filtros individuos que deben conducir o realizar actividades en las que es necesario fijar la vista de forma prolongada. En estos casos, sin necesidad de que exista ningún tipo de enfermedad, pueden suponer un beneficio porque mejoran las condiciones visuales al provocar un cierto efecto relajante. Esto es especialmente interesante cuando se realizan tareas que suponen un esfuerzo visual. Este tipo de filtros, como hemos anotado, se ha revelado útil en personas que sufren dislexia porque ayuda a fijar el enfoque.

Tratamientos especiales:

Fotocrómico.

Se trata de aplicar un producto químico que tiene la propiedad de oscurecerse según las condiciones de brillo de la luz que b atraviesa. Pueden oscurecerse rápidamente hasta bloquear el 85 % del paso de luz; sin embargo, este proceso se produce con la radiación ultravioleta de la luz, lo que significa que si las utilizamos para conducir, como se da la particularidad de que muchos cristales de los vehículos ya incorporan filtros ultravioleta, este filtro no funcionará dentro del vehículo, a menos que dejemos una ventanilla abierta por la que entre directamente la luz solar.

Tintes.

Se trata de aplicar filtros químicos para oscurecer las lentes y, a diferencia de los filtros fotocrómicos, ya no varían según el brillo de la luz. En este caso, el tinte se mantiene constante en las distintas iluminaciones. 

Corresponden a las clásicas gafas de sol de las que podemos elegir diferentes colores e intensidades de saturación, según las necesidades y grado de sensibilidad de cada uno. Las lentes realizadas con materiales plásticos son las más recomendables para este tipo de tratamientos que, además, tienen la ventaja de ser reversibles. Es decir, que si no nos sentimos cómodos con el tiente aplicado, podemos solicitar que lo eliminen o lo modifiquen sin necesidad de tener que comprar lentes nuevos. 

Es recomendable consultar con el óptico o con el oftalmólogo sobre el tipo de tinte y grado de saturación para cada persona, especialmente en aquellos casos en los que existen ciertas patologías. Por ejemplo, en un paciente muy sensible a la luz que inicia cataratas, será recomendable un filtro que bloquee radiaciones de onda corta, es decir tonos marrones suaves y no muy saturado (oscuro), ya que la reducción en el paso de luz le restará luminosidad; es decir, le reducirá todavía más la visión.

Monturas 

Es muy importante que las monturas se ajusten a las necesidades que marcan los lentes. Es evidente que unos lentes gruesos no deben combinarse con monturas finas y de materiales livianos fácilmente deformables. Es necesario que el óptico le recomiende cuál es la mejor solución para su problema.

De forma general, se admite que las gafas deben cubrir el 20- 30% de la cara, con el mareo superior alineado con el borde de las cejas. Si La montura es demasiado grande, se producirá un mayor grado de deslumbramiento y reflejos que deterioran la calidad visual. En caso contrario, si la montura es demasiado pequeña, se produce una reducción del campo visual 

Los materiales de las monturas también son un elemento a tener en cuenta. De forma general, se recomiendan materiales ligeros y resistentes, tanto a los golpes como a la corrosión por transpiración o por elementos grasos propios de la piel.

Los materiales más resistentes son los de fibra de carbono y/o titanio, aunque también son los más caros. Para niños o deportistas, se recomiendan las nuevas resinas tipo Optyl, que pueden doblarse totalmente recuperando su forma sin perder ninguna de sus características iniciales. 

Un aspecto importante de las monturas es el puente o soporte nasa]. El 90% de] peso de las gafas recae sobre el puente nasal; así que tener en cuenta este punto es fundamental para el conecto ajuste de la montura y para a comodidad de unas gafas. Es frecuente el hecho de probarnos una montura sin los cristales correspondientes, con lo cual soportamos un menor peso. En cambio, cuando nos entregan éstas con nuestros cristales con la corrección refractiva, el peso de los mismos varía la comodidad referida. Por esta razón, es necesario tener en cuenta este factor y consultar al óptico para que nos recomiende una montura que se adapte a nuestra anatomía facial, especialmente al puente nasal, a la vez que a los cristales que habrá que montar en ella; ya que, de lo contrario, tendremos problemas que nos llevarán a no utilizar las gafas o a que éstas adopten una posición anómala que provoca un desplazamiento del centro de las lentes con el correspondiente deterioro de la calidad visual. 

A pesar de tener en cuenta todos estos detalles en el momento de la compra, las monturas se deforman con el paso del tiempo. Y otro factor decisivo es el crecimiento, si la montura es para niño. Para evitar que las gafas queden descentradas o adopten posiciones anómalas, es recomendable que su óptico las revise periódicamente, una vez al año o si ha sufrido un golpe que las pueda haber deformado.

Bifocales, trifocales y lentes progresivos 

Cuando es necesario corregir la vista cansada o presbicia, deben utilizarse gafas de lejos y de cerca, quedando la visión intermedia en situación conflictiva. Para evitar la utilización de distintas gafas que se adapten a cada necesidad, se puede optar por combinaciones como las lentes bifocales, trifocales o progresivas.

Las lentes bifocales combinan dos focos en una misma lente: uno para visión de lejos y otro para visión de cerca. En las lentes trifocales, se incorpora un tercer foco para la graduación de la visión intermedia. En las lentes progresivas se consigue que, a cada punto de la lente según el eje vertical, le corresponda un foco o distancia de enfoque diferente. Así se evitan los saltos bruscos de graduación. 

Este tipo de lentes obliga al portador a buscar la zona de la lente que le permite el enfoque correcto. En las lentes progresivas, este proceso es más complejo porque a cada punto de la lente le corresponde una graduación distinta.

No es fácil la adaptación a este tipo de lentes progresivas porque, en el inicio, hay que acostumbrarse a mover la cabeza para focalizar mejor la escena visual; porque sólo así se utiliza el centro de la lente o foco para cada distancia o enfoque, y es la única forma de obtener la máxima calidad visual.

Por ejemplo, cuando vamos caminando por la calle, si queremos bajar unas escaleras o fijarnos en el bordillo de la acera, debemos ajustar la porción de la mirada en la lente en el punto que corresponde a la distancia de enfoque; es decir, hay que hacer un movimiento no sólo de la cabeza sino de los ojos en sentido vertical, para buscar la zona de la lente que nos permita ver con claridad. Este proceso de cambio de hábito supone un esfuerzo que requiere un tiempo de adaptación y que no resulta fácil a todo el mundo. Es necesario advertir de este hecho a aquellas personas que se inician con este tipo de corrección.

2.-Lentes de contacto.

Una de las alternativas más populares a las gafas son las lentes de contacto o lentillas. La elección entre utilizar lentillas en lugar de gafas es muy personal. Pero, en la mayoría de casos, se debe a causas estéticas o a la incomodidad que suponen las gafas para realizar ciertas actividades como los deportes. Sin embargo, hay quienes se ven abocados a la elección de lentillas no sólo por un hecho estético, sino por un problema anatómico a nivel del puente nasal que determina que las gafas no se les sitúen correctamente.

Desde su aparición en la década de los 40, las lentillas han evolucionado mucho, tanto respecto a los materiales que las integran como en lo que se refiere a las nuevas geometrías.

Básicamente, podernos diferenciar entre Lentillas rígidas y blandas. Idas primeras salieron al mercado, en sus inicios, hechas con plásticos del tipo polimetilmetacrilato.

Pero, debido a las complicaciones que provocaban estos materiales, se sustituyeron por otros, básicamente permeables al oxígeno, para dejar “respirar a la córnea”.

Por esta razón, se denominan con las siglas RGP, que obedecen a lentillas Rígidas Gas Permeables. Estas lentillas tienen la ventaja de corregir simultáneamente los defectos esféricos de miopía o hipermetropía y el astigmatismo; ya que la deformidad de la córnea se regulariza gracias a que la lentilla actúa como un molde que da forma eliminando esa deformidad. El principal inconveniente que presentan es que, debido a esa capacidad de moldear, su adaptación es más laboriosa, tanto para el adaptador que debe realizar el cálculo de los parámetros de la lentilla para que ésta se ajuste correctamente, como para el óptico que es como un sastre que realiza un traje a medida. Por su parte, e1 usuario debe acostumbrarse a Las molestias que éstas le ocasionan en el inicio, las cuales irán desapareciendo progresivamente al avanzar en el proceso de adaptación. 

Para mejorar las condiciones de adaptación y la comodidad de porte de las lentillas aparecieron las lentes blandas, fabricadas con materiales a base de hidrogel que incorpora agua a su molécula, haciéndolo más flexible. Cuanto mayor es la concentración de agua, mejor son las condiciones de flexibilidad y de traspone de oxígeno, condición básica para la tolerancia de las lentillas como consecuencia de la fisiología de la córnea. Por el contrario, las lentes blandas de alta hidratación son más frágiles y fácilmente contaminables, tanto por microorganismos como por depósitos de materiales que se encuentran en la lágrima o en el medio ambiente. 

Actualmente, el número de usuarios de lentes blandas supera con mucho a los usuarios de lentillas rígidas a causa de su mayor comodidad y porque se han resuelto gran parte de los problemas de contaminación y deterioro, propios de los materiales con alto contenido en agua. La solución ha sido pasar a reemplazar las lentillas con mucha frecuencia, cada mes, semana o incluso a diario. Si desechamos las lentes y las sustituimos por unas nuevas, no es necesario tener muchos cuidados con ellas; porque no damos tiempo a que se deterioren o contaminen garantizando, de este modo, la seguridad sanitaria junto a una mayor comodidad en el porte. El problema aparece cuando no se siguen las recomendaciones y las lentillas no se sustituyen con la frecuencia que corresponde. Al alargar este período, damos tiempo al material a que se degrade fijándose en él elementos que pueden inducir reacciones alérgicas o facilitar la fijación de microorganismos, con mayor riesgo de infecciones. 

La calidad visual con lentes de contacto es muy buena. El hecho de que se coloquen sobre la córnea eliminando la distancia que hay entre las gafas y el ojo tiene una implicación muy importante en la calidad visual. Por otra parte, también pueden incorporar filtros, como los de protección contra radiaciones ultravioleta, filtros que corten las frecuencias de banda corta, o pueden tener distintos focos: bifocales o progresivas, aunque este último aspecto no está plenamente conseguido en resultados óptimos. 

Las lentillas corrigen muchos de los elementos que pueden ocasionar la distorsión de la calidad visual con las gafas, porque están en contacto permanente con el ojo y, básicamente, al no haber separación entre lente y ojo, consiguen una focalización más perfecta. Sin embargo, como están en contacto permanente con el ojo, pueden inducir otros problemas graves como erosiones corneales o infecciones que pueden afectar la visión de forma irreversible. Los portadores de lentillas deben ser conscientes del riesgo potencial que corren. Por ello, es fundamental que sigan las instrucciones recomendadas acudiendo a las revisiones programadas y que pidan ser visitados con carácter de urgencia ante cualquier situación anómala que se acompañe de fuerte dolor ocular o pérdida de visión. 

3.- Cirugía Refractiva 

La cirugía ocular como medio de eliminar de forma definitiva la necesidad de gafas o lentillas, es un método que ha ganado adeptos de forma espectacular en los últimos años. Su práctica no es nueva, se viene realizando desde la década de los 40, aunque, en los últimos 10 años, ha alcanzado mayor nivel de eficacia y seguridad. La aparición de los láseres de excímero ha permitido mejorar los resultados motivando el incremento espectacular de su demanda. 

Si bien esta cirugía se hizo popular con los métodos incisionales, conocidos como queratectomía radial, en la que se modificaba la graduación mediante el debilitamiento de la córnea, fije con el láser cuando se produjo el mayor avance de este tipo de cirugía. El debilitamiento de la córnea tenía sus limitaciones y podía inducir complicaciones secundarias que motivaron el abandono de esta técnica. Sin embargo, mediante el láser, hoy, podemos “esculpir” una lente en la córnea de la misma forma que un tomo moldea una lente. Pero, la aplicación del láser también supone la erosión o eliminación de tejido, lo que, de alguna forma, debilita la córnea aunque en menor grado que antaño.

Actualmente, conocemos los límites de la ablación o cantidad de tejido que podemos eliminar para dejar la córnea en condiciones para mantener su función bimecánica y conseguimos que el “debilitamiento” inducido no sea problemático con el tiempo. 

La cirugía refractiva con láser excímero tiene tres variantes: PRK, LASIK y LASEK. 

La PRK fue la primera técnica utilizada. En ella, el láser actúa directamente sobre la córnea tras eliminar el epitelio corneal, lo cual implica que este epitelio debe regenerarse nuevamente. E] tiempo demostró que la regeneración del epitelio podía ocasionar problemas, mayor dolor en el postoperatorio y reacciones inflamatorias que podían inducir cicatrices que no dejaban recuperar totalmente la visión. Parar eliminar este problema, se modificó la técnica y surgió el LASIK, que consiste en realizar un corte de una lamela corneal de manera que el láser sólo ablaciona el estroma corneal y tras finalizar, se vuelve a reponer la lamela. Así, ya no se lesiona el epitelio y se evitan las cicatrizaciones anómalas.

La aparición de esta técnica ha supuesto un avance importante en la rapidez de recuperación funcional de la visión en el postoperatorio, así como en la exactitud de los resultados. Sin embargo, tampoco está exenta de complicaciones, poco frecuentes, pero graves, cuando aparecen. Las complicaciones suelen relacionarse con fallos en el corte del flan corneal o debilitamiento excesivo de la córnea apareciendo un cuadro que conocemos como ectasia corneal, de difícil control.

Para evitar los problemas de la PRK y del LASIK, se ha propuesto una nueva variante que consiste en tomar lo positivo de las dos anteriores. Se denomina LASEK y consiste en levantar un flan para proteger el efecto del láser en la córnea; pero, en este caso, el flan es el mismo epitelio. De la misma forma que se realiza en el LASIK se levanta el epitelio, se ablaciona la córnea y se repone el epitelio. Pese a que la experiencia es corta, (3 años), los resultados son muy esperanzadores aunque es necesario mejorar ciertos aspectos técnicos. Por ello, todavía no puede plantearse de una forma rutinaria.

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