Un examen de los ojos

La estrategia terapéutica más eficaz es aquélla que se basa en la prevención; por ello, la mejor forma de evitar problemas en los ojos es realizar un examen oftalmológico de forma periódica. Existen múltiples problemas que pueden ocasionar pérdidas irreversibles de la visión, los cuales pueden ser detectados con una simple revisión, antes de que se inicie el proceso patológico. De ahí, la importancia de las revisiones como forma de Prevención.

Las revisiones oftalmoIógicas tienen como objetivo:

  • Detectar enfermedades en estadios iniciales en los que todavía es posible su tratamiento.
  • Corregir o adaptar la visión cuando se descubre que ésta es anormal.
  • Reducir la fatiga ocular en las actividades diarias.
  • Asegurarse de que la agudeza visual sea la mejor posible.

¿Quién debe realizar el examen oftalmológico?

El examen oftalmológico debe realizarlo un óptico optómetra o un médico oftalmólogo. En el primer caso, se trata de un diplomado en Óptica y Optometría, capacitado para realizar un examen de las condiciones ópticas de los ojos, así como para prescribir la corrección óptica mediante gafas o lentillas.

Actualmente, la formación de un óptico también le permite realizar una serie de pruebas diagnósticas para poner de manifiesto la presencia de ciertas enfermedades oculares. Por ejemplo, a través de la medida y análisis del campo visual puede llegar a detectarse el glaucoma, o a través de una topografía corneal se detecta el queratocono. Sin embargo, la función del óptico debe ser un complemento para el oftalmólogo y no sustituirle.

El oftalmólogo es un licenciado en Medicina y Cirugía que posteriormente se ha especializacido en Oftalmología. Por lo que es el único capacitado para el diagnóstico y tratamiento final de las enfermedades oculares, tanto con fármacos como con intervenciones a través de láser u otro tipo de cirugía.

El oftalmólogo y el óptico deben trabajar conjuntamente para asesorar a los pacientes/clientes ante problemas oculares, poniendo de manifiesto posibles enfermedades y tratándolas cuando sea necesario. Su colaboración y trabajo ha de estar en consonancia con el grado de competencia de cada uno.

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¿Con qué frecuencia debe realizarse un examen oftalmológico?

La frecuencia con la que deben realizarse los exámenes oculares depende de diversos factores: edad, antecedentes familiares de enfermedades oculares, etc... A pesar de que no existe una norma universal, organizaciones como la Academia Americana de Oftalmología, hacen las siguientes recomendaciones:

Niños y adolescentes

- El primer examen debe realizarse entre el nacimiento y los tres meses. Esta primera revisión suele ser hecha por el pediatra y en ella se aconseja la intervención del oftalmólogo, si existen problemas visuales familiares que pueden tener una base hereditaria.

- Entre los 6 meses y el año, se recomienda un examen que ya debe ser realizado por el oftalmólogo. Este examen se repetirá:

  • A los 3 años
  • A los 5 años

Se recomienda que los niños y los adolescentes realicen revisiones siempre que exista alguna situación de riesgo, como en enfermedades como la diabetes, o siempre que se presente un problema que afecte o pueda afectar a los ojos.

Adultos

Se recomienda que realicen revisiones anuales todos los portadores de gafas o lentillas, mientras que los individuos que no presenten antecedentes familiares o padezcan problemas oculares, deben seguir un calendario de:

  • Al menos una revisión entre los 20 y los 39 años.
  • De 2 a 4 revisiones entre los 40 y los 64 años.
  • Revisión anual tras los 65 años.

Con la edad, deberá incrementarse la frecuencia de las revisiones ya que la incidencia de enfermedades graves aumenta progresivamente: glaucoma, cataratas, degeneraciones maculares.

Como recomendación general, se establece que ante cualquier síntoma que afecte a los ojos, especialmente los que se acompañan de visión borrosa, se acuda al oftalmólogo, aunque sea reciente la última revisión.

La pérdida de visión repentina, total o parcial, supone una situación de urgencia que exige acudir inmediatamente a un oftalmólogo.

Existen situaciones en las cuales el calendario de revisiones recomendado puede variar. Será, entonces el oftalmólogo quien marque la frecuencia de los controles y las situaciones que puedan suponer una urgencia.

Consultar con su oftalmólogo ante alguna de las situaciones siguientes:

  • Antecedentes personales o familiares de enfermedades oculares.
  • Traumatismo ocular antiguo.
  • Enfermedades sistémicas como diabetes, hipertensión arterial, cardiopatías o síndrome de inmunodeficiencia adquirida.
  • Nacimiento prematuro.
  • Raza negra (mayor riesgo de padecer glaucoma).

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¿En qué consiste un examen oftalmológico?

El examen oftalmológico incluye confeccionar un historial basado en preguntas específicas y una serie de pruebas para analizar la visión y el funcionamiento de los órganos que constituyen los ojos.

Ninguna de las pruebas diagnósticas incluidas en una revisión oftalmológica genera dolor o problemas importantes de incomodidad, únicamente es desagradable el estudio del fondo del ojo, para el cual es necesario dilatar la pupila. Cuando se requiere la dilatación pupilar, es conveniente acudir al oftalmólogo acompañado o evitar conducir después de la revisión, por lo menos, durante un período aproximado de entre 2 y 4 horas, ya que se produce una visión borrosa.

En el momento actual, la Oftalmología se ha convertido en una especialidad muy tecnificada. Por ello, en la revisión que realiza el oftalmólogo, además de la historia clínica, no debe extrañarnos que nos realicen una serie de pruebas con aparatos diversos. Pero hay que ser cautos ante esta circunstancia, porque es necesario tener en cuenta que los aparatos por sí solos no establecen el diagnóstico ni curan, y no por el mero hecho de que un centro nos realice más pruebas, ese centro será mejor que otros.

El oftalmólogo es quien decide qué pruebas deben realizarse para ayudar al diagnóstico y será su valoración global, junto a la interpretación de los valores obtenidos, lo que nos acerque al diagnóstico final. Tan malo es el abuso de pruebas como la carencia de éstas.

Frente a la postura de un amplio despliegue de medios, se sitúan los centros o profesionales que rechazan las nuevas tecnologías. A pesar de la distancia, ambos se mueven por criterios economicistas o publicitarios, ya que las razones estrictamente médicas se basan en la mesura, la ciencia y la profesionalidad.

Para que el lector tenga a mano una medida de las exigencias de una revisión oftalmológica, le damos las siguientes indicaciones, considerando siempre que el proceso depende del diagnóstico y del tratamiento final, especialmente cuando éste sea quirúrgico, en cuyo caso, será necesario realizar una serie de exploraciones complementarias que se escapan de lo que es, esencialmente, una revisión oftalmológica.

La confección de la historia clínica puede implicar una serie de preguntas. Las más frecuentes son:

  • ¿Cuál es el motivo de la consulta? ¿Padece algún problema ocular?
  • ¿Ha padecido algún problema ocular en el pasado?
  • ¿Utiliza gafas o lentillas y, en caso afirmativo, se siente bien con ellas?
  • ¿Qué enfermedades ha padecido en los últimos años?
  • ¿Está tomando alguna medicación? ¿Cuál?
  • ¿Padece alguna alergia a medicamentos, alimentos o algún otro tipo de alergia?
  • ¿Algún miembro de su familia padece problemas oculares como calcita/as o glaucoma?
  • ¿Algún miembro de su familia padece enfermedades generales como diabetes, hipertensión sanguínea, u otras?

Agudeza visual

La medida de la agudeza visual es la prueba que nos revelará la visión cuantitativa y cualitativa de la persona, es decir cuánto ve y cómo ve de claro. La prueba se realiza pidiéndonos que leamos unas letras o figuras (optotipos) que se colocan a una determinada distancia (6 metros). Las figuras tienen un tamaño que varía según una escala predeterminada, generalmente logarítmica. De forma práctica, las letras más pequeñas corresponden a una visión angular de 1 minuto, que es el máximo de visión que tiene el ojo humano (aunque algunas personas pueden superarlo ligeramente). Se representa con la notación de 1 (unidad) o, 10/10 (escala decimal utilizada en Europa, aunque existen otras escalas y nominaciones).

De la misma forma, se realiza la exploración para medir la visión próxima. Se utiliza una cartulina con figuras o letras, de tamaño decreciente, lo cual permite cuantificar la visión, así como la calidad de la misma. La notación de visión unidad significa una visión del 100% a 33cm. de distancia de los ojos.

Optotipos para medir la agudeza visual (C de Landolt)  Sistema de medida para la sensibilidad de contraste

Medida de la refracción

En condiciones normales, el ojo que ve la unidad (100% de visión) se caracteriza porque, en él, la luz que proviene del exterior converge sobre la retina de forma puntual, lo cual explica que los objetos se vean claros y definidos. Cuando esto no sucede, bien porque los rayos convergen delante de la retina (miopía), o detrás (hipermetropía), se verá borroso. Existen métodos que permiten conocer la distancia entre el punto de convergencia de los rayos de luz y la retina. Este dato permite determinar la refracción de ese ojo y actuar con una corrección.

Para comprobar si la graduación obtenida en los cálculos realizados después de la exploración es correcta, se suelen utilizar unas gafas especiales con montura de prueba, en la que se colocan las lentes correctoras y se comprueba si la corrección aplicada permite ver correctamente. Con los datos de la exploración y su posterior comprobación, ya es posible establecer la prescripción de las gafas o lentillas con una seguridad. La medida es expresada en un valor numérico cuya unidad es la dioptría.

Biomicroscopía

Podemos observar, fácilmente, las pequeñas estructuras del ojo con un aparato conocido como lámpara de hendidura, que consiste en un microscopio binocular con un haz de luz del que podemos modificar su grosor hasta hacerlo una fina hendidura y, cambiando la inclinación o ángulo de proyección de este haz, penetramos en el ojo a través de sus medios trasparentes. Con este instrumento, podemos observar la córnea y a conjuntiva, podemos ver detalles de los párpados, de la pupila, del iris, del ángulo camerular e incluso del interior del ojo o la retina, con la ayuda de una lente especial.

Tonometría

Se trata de un test que mide la presión intraocular. Este control es fundamental para la prevención y control del glaucoma. Goldman tuvo la genial idea de establecer una relación matemática entre la presión que debemos realizar sobre un cono que se aplica sobre el ojo, en concreto sobre la córnea, para aplanar una superficie de área conocida y la presión ocular. De una forma muy sencilla y rápida, obtenemos un dato de gran trascendencia, ya que permite detectar incrementos de presión en pacientes con glaucoma. No olvidemos que se trata de una enfermedad que no produce otros signos clínicos que alerten al paciente, excepto en fases avanzadas cuando ya se inicia la pérdida de visión que es, entonces, irreversible.

Se considera que los valores normales de presión intraocular oscilan entre 14 y 20 mmHg, siendo 16 mmHg el valor medio de la población normal, lo cual no significa que valores superiores o inferiores no puedan ser normales al igual que valores inferiores a 20 mmHg pueden ser anormales. Es lo que conocemos como error a/fa y beta en las distribuciones estadísticas de datos. Esto quiere decir que, como ocurre casi siempre en medicina, un solo dato aislado no suele ser suficiente para establecer un diagnóstico, sino que es necesario el complemento de otras informaciones para llegar al diagnóstico final a través de la evaluación global de toda la información que poseemos.

Fondo de ojo

El examen del fondo de ojo es una de las pruebas más importantes de la exploración oftalmológica. Hemos visto que la retina es la capa más interna de las paredes de] ojo, y a su vez la más importante; ya que en ella se da la conversión del estímulo luminoso que llega desde el exterior, en estimulo eléctrico que será enviado al cerebro para que sea allí donde se produzca la sensación visual. De hecho, la retina es parte del cerebro, por ello cualquier lesión en esta zona tiene gran trascendencia. Por otra parte, el examen del fondo del ojo es la única exploración que permite ver directamente la microcirculación. Por esta razón, lesiones que afectan el nivel vascular de esta zona pueden ser detectadas fácilmente mediante la observación del fondo del ojo, además, con esta prueba, podemos vislumbrar otros posibles problemas; porque aquello que aparece en la retina puede estar sucediendo en otras zonas del organismo donde también hay una microcirculación, como en el cerebro, corazón o riñón.

Entonces, es posible que su médico internista, algunas veces, le solicite un examen del fondo de ojo, para poder valorar qué está ocurriendo en su organismo en los pequeños vasos sanguíneos. La posibilidad de observar el fondo de ojo es como asomarse a través de una pequeña ventana al interior de su organismo, desvelando secretos que pueden ayudar a detectar una enfermedad en su inicio y obtener un mejor control de su evolución. Es especialmente útil en casos de diabetes, hipertensión sistémica o en procesos degenerativos.

El examen del fondo de ojo se realiza mediante un instrumento conocido denominado oftalmoscopio, actualmente muy sofisticado gracias a los avances tecnológicos en óptica y en análisis de imágenes. Existen equipos que permiten registrar imágenes de gran precisión que ponen de manifiesto pequeños detalles que ayudan al diagnóstico, tanto de problemas estrictamente oculares como sistémicos (de carácter general). En la mayoría de ocasiones, puede realizarse esta prueba sin la ayuda de fármacos, pero cuando queremos abarcar todo el conjunto del fondo del ojo, será necesario dilatar la pupila mediante la instilación de gotas (midriáticos). Esto produce una visión borrosa, lo cual debe ser advertido a los pacientes.

En la visita previa, se les debe explicar en qué consistirá la prueba y recomendarles que acudan acompañados o no conduciendo vehículos.

Campo visual

Denominamos campo visual al área de espacio que podemos ver delante de nosotros sin mover los ojos. Podemos determinar esta área y sus características, mediante la campimetría. Esta prueba no se realiza de forma rutinaria y consiste en colocar la cabeza en una cúpula donde se pide al paciente que fije la mirada, con cada ojo por separado, en un punto luminoso central. Sin apartar la mirada de este punto central, el paciente debe intentar detectar puntos luminosos que van apareciendo en la periferia, con distintos tamaños e intensidades.

Si existen alteraciones en la retina o en la vía óptica, incluido el cerebro visual, se pondrán de manifiesto, apareciendo como manchas negras que, según su localización, intensidad y tamaño, ayudan a los especialistas a establecer un diagnóstico de enfermedades como glaucoma, hemorragias retinianas, neuritis óptica (inflamación del nervio óptico), o compresión de la vía óptica por lesiones tumorales.

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Interpretación de la exploración y confección del informe médico

Los datos obtenidos en la historia clínica y en las exploraciones realizadas deben ser evaluados por un oftalmólogo. El oftalmólogo es un médico especializado en el aparato visual, tanto en sus aspectos ópticos como fisiológicos y patológicos; por ello, es el único capacitado para orientar el diagnóstico.

Sólo él podrá realizar el informe de lo que ocurre en sus ojos, así como establecer la pauta terapéutica más indicada para resolver su problema.

El médico está obligado a transmitir, de una forma clara e inteligible, todo lo que considera que debe conocer el paciente sobre su enfermedad así como responder a las preguntas que se le formulen con el fin de aclarar al paciente sus dudas y conseguir que éste comprenda mejor lo que le pasa y sus posibilidades de tratamiento.

El oftalmólogo debe respetar la dignidad del paciente como persona, así como su libertad para tomar decisiones. De la misma forma, el paciente está obligado a no ocultar información sobre su enfermedad o antecedentes patológicos, propios o de sus familiares.

Cuando se respetan estos principios y se establece una relación de confianza, que queda plasmada en la firma del consentimiento informado, se puede establecer el tratamiento propuesto.

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